Abbott

miércoles, 3 de noviembre de 2021

 



            Después de la fama que alcanzó con Black Bolt, Saladin Ahmed aterriza en la editorial Boom! Studios con una apuesta estética diferente y con un personaje rompedor. ¿Pero es realmente Abbott la revolución de la que todo el mundo está hablando?
 

        Lo primero que llama la atención de esta nueva serie es indiscutiblemente el arte. Los dibujos y escenografía de Sami Kivelä son impecables, pero es el color lo que le da a Abbott una dimensión completamente diferente. Resulta complicado decir cómo es posible que Jason Wordie haya conseguido una composición tan musical y elocuente. Los colores acompañan los distintos ambientes y horas y se gradúan, modulan e intensifican según qué o quién aparezca, de manera que cada color es como un leitmotiv visual.


          La paleta de colores parece directamente sacada de la escena de una película del Blaxploitation; sólo falta algo de funk para meternos de lleno en los 70. Cada color cambia de manera significativa y da dramatismo e intensidad a la escena.
La maquetación de los textos, la perspectiva, la distribución de las escenas y la descripción de los eventos es muy cinematográfica y, por qué no decirlo, me ha resultado innovadora en algunos momentos.
 


        Sin embargo, siento que Abbott flojea justo en la que resulta su mayor apuesta: la mano y mente de Ahmed detrás de todo el conjunto.

         El personaje de Abbott no es del todo innovador, pero resulta interesante. Una periodista que se enfrenta a todo y todos para destapar la verdad; una defensora de las injusticias que pone en juego su pellejo para tirar de la manta y exponer a los malhechores (y la incompetencia de la policía). Como digo no es nuevo, pero Abbott viene trayendo cierto aire fresco y un puntito punk: Detroit, los 70, una periodista negra en un entorno dominado por hombres, una reportera en un mundo donde las injusticias contra los negros son la norma, una voz que busca justicia y redención en una ciudad decadente… Y además divorciada, bisexual, independiente, aficionada al buen brandy y fumadora compulsiva. Elena Abbott es implacable, inquebrantable: cuando todo a su alrededor se derrumba ella se enciende un cigarrillo y camina directa a la boca del lobo con sus pantalones de campana.

     Y sin embargo, hete aquí el punto que me parece crucial: ¿es esta conjunción de elementos los que hacen que Abbott sea un gran personaje o porque es un gran personaje éstos son elementos interesantes?


 
     Creo que quizá se le haya dado demasiado bombo a Abbott por esta cuestión. Y es que Abbott no es un personaje bien construido. Eso no quiere decir que no sea interesante, quiero decir que la arquitectura de la historia parece haber sido diseñada de manera contextual, con la intención de crear un mundo y un contexto para futuras historias, y que la trama parece haber sido dejada de lado en su lugar.
Creo que el personaje es refrescante y provocador, pero me temo que la historia flojea en todo lo demás. Como es comprensible, los personajes difícilmente pueden ser buenos si el plot está pobremente desarrollado.



El pacing


      Uno de los problemas que encuentro con Abbott es que el ritmo de la narración es frenético. Esto no debería ser un problema para un cómic de acción con elementos sobrenaturales: persecuciones, tiroteos, monstruos del Abismo… La cuestión es que esto puede ser difícil de compaginar con un cómic de detectives: resulta difícil generar suspense, miedo, intriga o expectación cuando la historia es bastante pobre y lo poco que conoces de los personajes apenas es un esbozo.
 
       Sin embargo, el problema principal de esta obra es que la historia podría ser sacada de un cuento infantil. El malo es malo… porque es malo. Ya. Ésa es la explicación. ¿Cuál es su motivación para ser malo? Ser poderoso. ¿Por qué quiere ser poderoso? Para ser más malo. ¿Cómo consigue ser tan malo? Invocando a las fuerzas del mal, que para eso son malas, para que le ayuden a ser más malo y hacer más cosas malas… Bueno, y tener bigote “de malo”.

       Esto que acabo de describir es, esencialmente, el argumento de Abbott. Que ojo, para mi sobrino de cuatro años es una explicación absolutamente redonda, no tiene fallos. Los malos son malos porque son malos, los buenos son buenos porque son buenos. De hecho, casi podría decir que es el resumen que él me hizo de Moana. Pero es que aún más: ¿Por qué es Abbott la protagonista? Porque ella es el "Lightbringer", la antorcha que llenará el mundo de luz. ¿Por qué? Porque es Abbott. Ahá.
               
      Como digo, si puedes leer de corrido y eres capaz de leer libros sin dibujos probablemente el malo – y la historia - te parezca poco menos que irritante (siendo educada).
 


        En mi opinión Abbott peca de ser un poco insustancial. El contexto me resultó original y atractivo y los personajes son interesantes… pero al ser tan frenético apenas deja poso.
       Creo que Elena Abbott puede llegar a dejarnos en el futuro entregas con más contenido y mejor sabor que éstas. Creo que el público demandaba de más personajes fuertes, independientes, a quienes no les importa cargar a solas con el mundo, y Abbott lo consigue.
   La historia no tiene un cliffhanger ni creo que fuera la intención; es autoconclusiva. Como digo tengo la sensación de que éste ha sido un intento por crear un nuevo mundo que Ahmed pueda desarrollar (quizá, en vistas a su éxito) de manera independiente, fuera de los universos Marvel a los que está acostumbrado a trabajar.
 
               

 
        Sólo por el aspecto visual puede resultar interesante. Si no te importa que la historia sea superficial y te gustan las historias un poco gore y con mucha acción puede ser tu serie. 



Valoración: Sobrevalorado.
Autores: Guión: Saladin Ahmed   / Ilustración: Sami Kivelä / Color: Jason Wordie
Año de publicación: junio de 2018
País: EEUU.
Editorial: Boom! Studios
Género: Terror / fuerzas sobrenaturales / heroína.

Temas: Carece de ellos por completo.
Goodreads: Abbott #1






Portadas de cada número. 













Creepy Tale

martes, 2 de noviembre de 2021

 






     Voy a confesarme desde el principio: no estoy hecha para los juegos de miedo. Soy de esas personas que se esconde detrás de un cojín mientras ve películas de miedo, y para quien jugar a juegos como Call of Cthulu ya es todo un mérito. Y sin embargo veo películas de miedo, leo libros de terror y me fascinan las casas encantadas: la experiencia del terror me resulta divertida, aunque sea incapaz de trasladarla a un videojuego. Es por eso que en cuanto vi el tráiler de Creepy Tale sabía que tenía que jugarlo.


      La estética de Creepy Tale es lo que en inglés llamarían spooky (escalofriante). Hablamos de terror, sí, pero lo spooky está siempre ligado a lo sobrenatural (criaturas fantásticas y monstruosas) y a lo entrañable, donde las criaturas pueden ser amables e incluso cute.

      El mundo de Creepy Tale parece sacado directamente de un antiguo cuento de los hermanos Grimm. Y no me refiero a una versión edulcorada y actualizada (y re-revisada) de cuentos infantiles, hablo de los siniestros cuentos alemanes que se recogieron originalmente en el XIX (sólo hace falta comparar el primer Barba Azul con la versión censurada apenas medio siglo después para saber a qué me refiero).

 


     La historia resulta familiar: dos hermanos que se adentran en el profundo y tenebroso bosque para buscar setas y en su lugar se encuentran con criaturas terribles y amenazas ocultas.

     La atmósfera del bosque es oscura, sombría. En él todo resulta amenazador y misterioso: extrañas criaturas con pinchos y ojos rojos, brujas malvadas comeniños, duendes asustadizos, monstruos de grandes colmillos, personajes pintorescos que tocan la flauta. Todo esto hace de Creepy Tale un cuento de hadas siniestro, curioso y divertido, envuelto en cierto halo de folclore popular, donde nunca sabes qué se esconde detrás de cada tocón y dónde puedes aparecer tras cruzar el puente, entrar en el hueco de un árbol o colarte en una casita encantada.

 



     Es evidente, viendo los gráficos, que no es un juego aterrador. Es de miedo, pero como he dicho es spooky, así que el resultado acaba siendo hasta cierto punto divertido. El ruido de los monstruos, las mecánicas de los puzles, todo es en mi opinión original y simpático, hasta el punto de que las criaturas y monstruos de Creepy Tale son al mismo tiempo adorables y terribles, graciosas y aterradoras.

 


     Sin embargo eso no significa que no puedas tener algún que otro susto, y es que éste es un poco el punto de la discordia en Creepy Tale: sus puzles. Cuando llegas a un nivel la mayor parte de las veces no sabes qué tienes que hacer. Así que hay que tocar setas misteriosas para ver qué ocurre, correr delante del monstruo para ver qué pasa e investigar, en general, los elementos del entorno. La mayor parte de las veces es tremendamente intuitivo y no necesitas nada más que investigar un poco para resolver el puzle. Pero con frecuencia, mientras esto ocurre, os encontraréis con más de una escena divertida y con algún susto inesperado.

 

      No obstante, como digo, éste es un poco el punto por el que la gente lo ama o lo odia, y es que en Creepy Tale tú tienes que ser capaz de identificar y utilizar los recursos que el nivel te da… sin saber muchas veces cuáles son. A veces acabas yendo a la caza del pixel, y te encuentras completamente bloqueado y sin saber qué hacer porque una de las decenas de setas que te has encontrado en el nivel resulta que puede cogerse. Entiendo el porqué de hacerlo así, y es que quizá poner un halo resplandeciente sobre los objetos que se pueden utilizar rompería la estética, o poner una marca encima, de algún modo, haría el juego menos interactivo y demasiado fácil. No obstante creo que acaba, en algunas ocasiones, por no estar bien balanceado; y es que la mayor parte de los jugadores nos hemos atascado en el mismo punto precisamente por esto.

 



       Dicho esto, considero que la construcción de los puzles así como su aparición en el mundo es orgánica, natural. Los puzles están bien integrados, no parecen forzados en ningún momento: tiene sentido que sean así y estén ahí para seguir avanzando. La mayoría son absolutamente geniales y muy originales, aunque a veces pueden ser un poco frustrantes. Cada rompecabezas tiene sus propias reglas y, como he dicho, las soluciones no están a primera vista, por lo que a veces es necesario morir o ser atrapado para entender cómo funciona (y por tanto repetir el mismo puzle varias veces). También debo reconocer que algunos puzles (una parte pequeña) los resolví por prueba y error, por lo que entiendo que para muchas personas éste no sea su tipo de juego.

 

      Respecto a la estética general, otro punto a tener en cuenta de Creepy Tale es la presencia de las ilustraciones y el mundo de John Kenn Mortensen, del que los hermanos dicen haberse inspirado para crear el juego. Aunque hay quien apunta a que hay algo más que “inspiración” en Creepy Tale, lo que es seguro es que Creepy Brothers han sido capaces de recrear esa aura de fascinación y escalofrío que tan bien plasma Mortensen. Las creaciones de Mortensen producen esa sensación compleja y extraña de no poder apartar la mirada de una imagen, y de al mismo tiempo sentir una sensación pulsátil de incomodidad y un leve atisbo de terror sacado directamente del pozo de nuestros miedos infantiles. En Creepy Tale esta sensación está presente, pero rebajada con algunos puntos de comicidad y un diseño de personajes más redondeado y amable.

 

Comparativa entre una ilustración de Mortensen y uno de los juegos de Creepy Tale

       Mi reflexión general es que es un juego entretenido que, aunque pueda resultar frustrante en algunas ocasiones, podrás pasarte en algo menos de dos horas sin dificultad. Es un título sencillo, pero ofrece ciertos puzles desafiantes y muy creativos y una estética escalofriante y divertida.

 
Valoración: Es un juego bastante curioso y simpático. Jugaré el 2 y el 3 sin pestañear. 
Fecha de publicación: febrero de 2020
País: Rusia.
Género: Indie / terror
Duración : 2 - 3 horas
Dificultad: Con la salvedad de algún puzle es muy intuitivo

Traducción: No tiene diálogos, pero el menú y la interfaz están en español.
Steam: Creepy Tale









El bosque sabe tu nombre

sábado, 30 de octubre de 2021

 



      A veces ocurre que te encuentras entre las estanterías de la biblioteca o de tu librería preferida un producto que te resulta revelador por una razón: te demuestra — y lo digo sin asomo de crítica, simplemente remarco una realidad— que las editoriales (en general) son sólo una empresa que busca el lucro y no la calidad literaria. Como digo, esto no es ningún tipo de crítica: la razón de ser de una empresa es, naturalmente, sacar algún lucro económico; me parece normal que una editorial apoye un proyecto con perspectivas favorables de negocio antes que una obra de gran calidad con pocas perspectivas de venta.
 
     Sin embargo señalo esta cuestión porque me parece la clave para entender el libro que esta semana he tenido entre mis manos. Y es que, aunque suene duro decirlo, El bosque sabe tu nombre es un producto fruto del marketing y del olfato de algún buen editor que ha visto que tenía el potencial para ser un best seller (aunque goce de más bien poca calidad literaria).
      

        He estado pensando en cómo diseccionar, punto por punto, esta novela y así poder explicar por qué me parece tan mal escrita a tantos niveles. Sin embargo, si algo quería cuando empecé a compartir mis impresiones en este blog era no destripar nunca una obra. Soy una de esas personas que adora "llegar virgen" a una obra: sin prejuicios ni expectativas. Quizá en un futuro la diseccione (principalmente para justificar el por qué del resto de mi reseña) pero de momento lo reservaré para quien me pregunte pro privado. 

 
     Con respecto a la obra, debo reconocer que esta desilusión es en parte culpa mía. Me lancé a la aventura cuando conocía más bien poco sobre la novela. Si acaso me sonaba el título: tal vez de Instagram, tal vez de alguna recomendación de Goodreads… El caso es que, tras verla de reojo en la sección de novedades — y sin tener tampoco mucha idea de qué esperaba encontrar— no lo pensé mucho y la traje a casa.
 
        Ya desde las primeras páginas me pareció que estaba ante un producto fruto de la mano de alguien novel. Los diálogos eran pésimos y la poca elegancia (fácilmente resuelta con apenas un poco de habilidad) me hizo titubear a la hora de seguir leyendo. Pero ¡eh!, me encontraba ante un producto con el sello de una importante casa editorial, así que me decidí a acabarla con la esperanza de llevarme la grata sorpresa que nunca llegó.
 
    Cuantas más páginas pasaba rezaba en mi interior para que — citando a Alcibíades—ésta fuese como una de esas estatuas de silenos que dentro esconde la estatua de un dios
1. La verdad es que —siendo justa— no es una obra deleznable, pero sí que me parece totalmente prescindible.


      Son tantos los errores que he encontrado, tantas las aristas que tiene este libro, que me resulta difícil ser justa con él. Cuanto más leía más me interrogaba “¿debe sancionarse un plato porque la ejecución no sea perfecta?”. La obra está plagada de errores de puntuación2 (numerosísimos), los diálogos son terribles, los personajes pecan de omnisciencia, las mujeres parecen alienadas a su propia época, la protagonista es casi una sociópata… y rompe mucho, mucho, mucho lo que en los círculos de guionistas se llama “el doble camelo”3. 




        Escribo todo esto consciente de que habrá quien en casa esté afilando su hacha y encendiendo una hoguera. Me parece normal que a mucha gente le guste el producto. Como decía al principio de esta entrada: si una editorial como Random House ha apostado por ella es porque obviamente tiene potencial. Eso sólo significa que —si eres un lector tiquismiquis a quien le gusta escarbar entre los entresijos de una novela— es difícil que te convenza; pero eso no se traduce en que a la mayor parte de quienes me leáis no os pueda interesar. Me limito a comentar que me parece la obra de alguien novel con mucho que mejorar, pero tómate mi crítica como una advertencia o como una invitación a leerlo, como cada uno prefiera.


      Por mi parte creo que la novela tiene ciertos elementos interesantes, pero que no acaban de ser bien ejecutados. Quizá en un futuro nuestra autora pueda deleitarnos  no sólo con futuras obras (cosa con la que cuento) sino con libros más conseguidos y mejor pulidos. 


        Quizá en una futura entrada justifique adecuadamente cuáles son todos esos problemas que digo haber encontrado en El bosque sabe tu nombre, y que me comentéis si también a vosotros os irritaron o si – efectivamente – soy una tiquismiquis irredenta.
 
 
Valoración: ¿Un 3,5 de 10?. Para un concurso literario de instituto estaría bien.
Autora: Alaitz Leceaga
Año de publicación original: 
País en que se ambienta: España y EEUU.
Género: Novela de fantasía
Extensión: 

Dificultad de lectura: Para tiquismiquis, bastante cuesta arriba.
Goodreads: El bosque sabe tu nombre



[1] … y que no estuviese, como sospechaba, perdiendo un valioso tiempo leyéndola.
[2] Algo que, hasta cierto punto, es aceptable en una primera edición, pero que en esta obra llega a un nivel inadmisible.
[3] Es decir: creer que porque hay magia en una obra puedo hacer y deshacer sin que la credibilidad y la lógica se vean afectadas. Nota para Leceaga: no metas magia en una novela si no tiene reglas de ningún tipo, siempre falla.


El Gatopardo

 





        Paul Auster decía en Un hombre en la oscuridad que los grandes directores saben utilizar objetos inanimados para expresar emociones humanas. La magia de la imagen y del lenguaje cinematográfico consiste en eso, en saber decirlo todo sin decir articular ninguna palabra, en poder plasmar el mundo interior de un personaje en una imagen breve — y conseguir que sea desgarrador—.

 

     Lampedusa consiguió entre estas páginas hacer un uso del lenguaje tan excepcional que puede contarlo absolutamente todo sin decir nada. Los paisajes son terriblemente humanos, los objetos invocan con su sola presencia los secretos más profundos y los personajes se dibujan a sí mismos con apenas unos gestos sutiles. La identificación entre objetos y sensaciones alcanza tal punto que las emociones sólo pueden ser plasmadas por la evocación de dichos objetos (como es el caso del perro Bendicò — que como indicó el propio Lampedusa es casi la clave del libro—).

 

      Hay algo, no obstante, que me irritaba desde el principio de la novela, algo que cuanto más pasaba las páginas más me molestaba, y es el hecho de que en El Gatopardo no ocurre absolutamente nada. ¿Realmente hay conflicto en la novela? ¿Hay algún tipo de evolución en los personajes, la consecución de algún objetivo final y más elevado por éstos? Cuanto más leía más me perdía intentando encontrarlo y más frustración me causaba.


      Sin embargo, ahora creo que ésta es la clave del libro, es la cristalización del tema de la novela: que nada cambia. Los hechos narrados en el libro son unas cuestiones mínimas, carentes de importancia; sin embargo reflejan a la perfección el universo estático de la familia Salina, donde nunca hay nada nuevo y donde nada cambia.

 

        La inmovilidad de los personajes es una manifestación más del estatismo de la sociedad siciliana y una forma de resaltar el núcleo central de la novela: los intentos por sobrevivir de una aristocracia feudal que no quiere renunciar a sus privilegios y que observa, desde la distancia, cómo la sociedad se convulsiona mientras la burguesía pugna por alzarse entre las ruinas de su clase. Es una nobleza que languidece, que se pasea por las estancias polvorientas y por los pasillos desiertos e inexplorados de sus propias mansiones, ajena al desastre y que, sin embargo, ya vive el declive de su época. Una clase social que sólo puede dejarse morir o intentar dejar atrás el deterioro que la carcome y aliarse con las nuevas clases emergentes.


«¿Qué gobiernos nacionales, provinciales, locales... pueden mantener a una ciudad como Nápoles, la tercera más poblada de ese país europeo de vanguardia, cuna de nuestra civilización, que es Italia, en semejante estado de postración y abandono? ¿Dónde está la virtud de esa situación para los napolitanos? ¿Cómo se puede encontrar belleza en ese feísmo generalizado y desgarrador.

¿Cómo, en base a qué criterios, alguien puede alabar ese estado de desorden y abandono y mencionarlo como auténtico o popular. Sólo con una elevada dosis de cinismo».

 

      El Gatopardo no es una novela que meramente se recree en la reconstrucción de acontecimientos históricos; refleja una atmósfera social y un clima moral que enclaustra a la clase social de los protagonistas. La sociedad siciliana está anquilosada y recluida en sus buenas costumbres y no es ya más que un reflejo caduco de un pasado al que ya no pueden volver.


«Los sicilianos jamás querrán mejorar por la sencilla razón de que se creen perfectos; en ellos la vanidad es más fuerte que la miseria; toda intromisión de extraños (…) es un ataque contra el sueño de perfección en que se hallan sumidos, una amenaza contra la calma satisfecha con que aguardan la nada».

 

     La escena del baile de salón encauza todos estos pensamientos que se han reflejado en el libro hasta ese punto: la decadencia, el vacío, la distancia, el inmovilismo, la pérdida y la muerte. Creo que es difícil encontrar un libro que consiga cristalizar tantas sensaciones en una sola escena y de una manera tan sutil y al mismo tiempo dramática. Con el baile manifiesta la fugacidad de las cosas; es como percibir el brillo del pan de oro de las paredes a través del brillo de una copa, y que al bajarla contemples que está deslucido y no era más que una ilusión. Ésa es la época que vive Don Fabrizio, un momento de su vida donde los placeres no son más que cenizas.

 

    Creo que la calidad literaria de la novela está más que justificada: el hecho de que el autor sea capaz de decir tantas cosas con apenas un gesto, en apenas un segundo (la escena de Concetta y Bendicó) refleja una capacidad magistral para plasmar y transmitir las emociones… pero no creo que sea una lectura recomendable si no eres un lector apasionado de las sutilezas. Si buscas acción (del tipo que sea) creo que puede aportarte bien poco, aparte del contorno que dibuja a la perfección un momento histórico crucial.

 

    Si por el contrario disfrutas con los esbozos que puede generar el lenguaje y aprecias la perfección estética de las descripciones, El Gatopardo puede proporcionarte un buen rato (carente de sobresaltos, eso sí).

 

Valoración: Excelente.
Título original:  Il Gattopardo.
Autor: Giuseppe Tomasi di Lampedusa
Año de publicación original: 1959
País en que se ambienta: Italia.
Género: Novela histórica.
Extensión: 375 páginas.

Temas: "Para que todo siga igual es necesario que todo cambie". Cambios sociales.
Autores con obras similares: Junichiro Tanizaki
Goodreads: El gatopardo