La vejez, la soledad y la culpa son los tres
elementos sobre los que se asienta el conflicto de El rumor de la montaña. Como es habitual en la literatura japonesa
(y Kawabata no es una excepción a este punto), la trama suele ser sutil, el
ritmo lento y el conflicto de los personajes rara vez se exterioriza.
Sin embargo, en esta novela, estas características
parecen haberse visto multiplicadas por el hecho de que la trama es
exageradamente lenta, las emociones están aún si cabe más diluidas y me ha costado
incluso más llegar a conectar con la tensión dramática de los personajes.
La obra de Kawabata ha sido ampliamente laureada y no
creo que sea inmerecido. La novela está plagada de fugaces atisbos de una belleza
absoluta. Las escenas cotidianas, el mundo natural - en apariencia trivial -
están presentados ante el lector como un haiku:
la belleza de aquello que pasa desapercibido, de aquello que es nimio y, en
apariencia, ajeno al espectador, es de algún modo una exteriorización del mundo
interior de aquel que observa. La descripción de esa naturaleza contiene en sí
misma una emoción: admiración, tristeza, alegría de las cosas simples, paso del
tiempo, añoranza del pasado…
Sin embargo me temo que esta belleza - y más aún los
mensajes en ella contenida - llegan a ser inaprensibles en demasiados momentos
dentro de la obra. Con frecuencia intenta traducir sus emociones en un objeto
de la naturaleza, pero a veces el paralelismo, la conexión entre los dos, puede
llegar a ser demasiado sutil. Si no se tiene claro cuál puede ser el tema en
ese momento, o cuáles son las emociones que Shingo (el protagonista) está
teniendo en ese momento, se puede llegar a percibir que hay una emoción detrás
de lo que se describe, pero no llegar a entender con total profundidad lo que
se quiere manifestar.
 |
Yuki no kobao o miru shojo (Belleza admirando los pétalos rojos cubiertos de nieve). Ito Shinsui, 1929. |
Al inicio de la novela se produce el hecho
premonitorio que da nombre la misma: Shingo escucha el rumor de la montaña. No
como un ruido procedente de la montaña, sino un sonido emanado desde ella misma,
que interpreta como un augurio de muerte. Inmediatamente después de este hecho,
Shingo reflexiona sobre un hecho acaecido unos diez días antes:
«No era una geisha con quien tuviera una particular
familiaridad, pero después de que le enrolló la corbata y se la guardó en el
bolsillo del abrigo, que estaba al lado del tokonoma,
la conversación derivó hacia temas personales.
Según
le contó, dos meses antes ella había estado a punto de suicidarse junto con el
carpintero que había construido el restaurante. Pero en el momento en que iban
a tomar el veneno la asaltaron las dudas. ¿La dosis sería efectivamente letal?
-
Él dijo que era suficiente. Me aseguró que habían calculado tanto la suya como
la mía, y que la cantidad era la justa y necesaria.
Pero
ella no lo creía. Y su desconfianza aumentaba.
-
Le pregunté quién se había encargado de hacerlo. Tal vez el que las había
medido lo había hecho sólo para enfermarnos y darnos una lección. Le pregunté
por el farmacéutico o el médico que se las había dado, pero no me contestó. ¿No
es extraño? Si los dos íbamos a ir juntos hacia la muerte, ¿por qué no me
respondía? Después de todo, ¿para qué tanto secretismo si nadie más iba a
enterarse?»
Es evidente que Kawabata no ha introducido este
recuerdo de manera gratuita, sino que es obvio que está intentando comunicar
algo. Shingo ha traído eso a su mente por una razón: no se trata sólo de que
esté algo senil y los olores, colores, flores, etc, le traigan cosas a su
memoria. Recuerda esos episodios por algo, y ese recuerdo está intentando hacer
presente una emoción más profunda, o está intentando anticipar algo del relato.
Sin embargo, la conexión entre ambas cosas llega a ser tan sibilina y sutil que
me temo llega a pasar desapercibir durante todo el texto, perdiendo por tanto
la profundidad del mensaje en su totalidad. Éste es sólo un ejemplo aislado al
inicio del libro, pero escenas como estas se repiten a lo largo de los
capítulos.
A su vez encontramos múltiples elementos propios de
la cultura japonesa que hacen inaccesible el entendimiento pleno de la obra.
Habitualmente la presencia de estos elementos no suele ser un impedimento para
disfrutar de la literatura de dicho país: de hecho la enriquece y la llena de
matices. Sin embargo, al estar estas descripciones ligadas a la misma trama, al
ser ellas las que condensen y traduzcan las emociones y pensamientos del
personaje, se hace difícil llegar a conectar y entender el mensaje del autor.
«Inclinar hacia abajo una máscara de Noh se denomina <<nublarla>> -
explicaba Suzumoto-, pues la máscara adquiere un aspecto melancólico;
volverla hacia arriba es <<iluminarla>>, pues su expresión se
vuelve brillante y feliz. Dirigirla hacia la izquierda o hacia la derecha se
designa como <<usar>> o <<cortar>> o algo por el estilo.
(…)
Shingo
se puso las gafas, empezó a desatar la cuerda y, en el momento en que pudo
verlas con toda claridad, el caballo y los labios de la máscara jido lo impresionaron como algo tan
bello que tuvo que contener un grito de asombro.
(…)
Al acercar su cara, la piel, luminosa como la de una
muchacha, se suavizó ante sus envejecidos ojos y la máscara cobró vida, cálida
y sonriente.
Contuvo
el aliento. A unos seis u ocho centímetros de sus ojos, una doncella llena de
vida le sonreía, límpida y bellamente.
Los
ojos y la boca estaban verdaderamente vivos. Las cuencas vacías estaban
ocupadas por pupilas negras. Los labios rojos se habían vuelto sensualmente
húmedos».
Siempre hay elementos en este tipo de literatura que
se escapan al ojo del lector no experto en cultura nipona. Sin embargo siempre
es algún adorno puntual, o algún elemento que no afecta en la trama. No
obstante las máscaras Noh, como el fragmento que cito, son un elemento
constante en la novela. Dado que creo que para la mayor parte de los
occidentales dichas máscaras no suscitarán ni sensualidad, ni belleza ni deseo,
resulta difícil aprehender qué nos está diciendo Kawabata a través de ellas en
los distintos episodios.
 |
Datemaki no Onna (Mujer vistiendo un kimono interior) Ito Shinsui - 1921 |
Son muchos quienes aluden a que el tema principal de
la obra es la culpa o la responsabilidad que Shingo siente por no haber sido un
gran padre, o por no haber sido capaz de propiciar una felicidad duradera en
sus hijos.
«Que un padre haya triunfado o no tiene que ver con el hecho de que sus hijos
hayan o no tenido matrimonios felices. Y, según eso, no me ha ido bien».
Este tema mueve al personaje en la novela y le hace
descubrirse a sí mismo en sus relaciones con sus hijos, pero no lo enmarcaría
como el tema único y principal.
Por supuesto, la culpa está presente, muy
especialmente en lo que se refiere a la relación con su hijo Suichi; pero esta
culpa con respecto a la infelicidad de sus hijos sólo se canaliza cuando
hablamos de su hijo varón. Hay una culpa que circunda su relación con su hija
Fusako, pero ésta tiene un origen distinto. Es por ello que creo que es la
soledad y el paso del tiempo, — la profunda melancolía en fin—,
la que conecta y mueve al protagonista y acompaña a todos los personajes.
La relación de Suichi con su hija, su nuera y su esposa
está profundamente marcada por la soledad. El modo en que él percibe y se
relaciona con éstas depende enteramente del recuerdo de la amada perdida (del
recuerdo que aún mantiene de su cuñada fallecida, cuyo nombre nunca menciona
como si temiese invocarla). Las emociones que sintió por la hermana de su
esposa no sólo no se han diluido, sino que han condicionado su mirada hacia el
mundo. Suichi vive en una constante búsqueda de la belleza, y en ella el
recuerdo (siempre joven, eterno, etéreo e inocente) de la mujer que amó se
aparece como un exponente de belleza absoluto, un cristal que distorsiona y
afea aquello que no es capaz de devolverle su reflejo.
Cuando Suichi ve cómo la vida de su hija ha fracasado
se lamenta por su papel como padre, pero también lo hace por cómo considera que
su hija carece de las cualidades que él constantemente busca. No es hermosa,
pero tampoco es inocente y pura como el recuerdo de la tía. Esto llena a Suichi
de profunda soledad y desesperación, pues no sólo es incapaz de encontrar en su
hija el rostro vivo de la tía, sino que se culpa por juzgar a su hija debido a
esto. Cuando busca entre las facciones de su hija y de sus nietas el rostro de
la amada siente un rechazo y desprecio absolutos, y al mismo tiempo se sabe un
juez vil e injusto por estos sentimientos.
Sólo con su nuera, Kikuko, encuentra ese remanso de
paz y amor que ha estado buscando. Kikuko representa la inocencia y la
fragilidad, y en su soledad y búsqueda incesante se presenta ante él como un
elemento de sensualidad.
 |
Shato no yuki (Los terrenos de un santuario sintoísta en la nieve) Ito Shinsui - 1930 |
Todos los personajes son infelices, están solos y
buscan desesperadamente canalizar su pena en otros: su hijo Suichi en su
amante; Kikuko (la nuera), al saberse engañada, en Shingo; Yasuko (la esposa) en
la hija fracasada; la hija, Fusako, en el padre por el que se sabe despreciada.
Sólo Suichi y Kikuko han encontrado refugio el uno en el otro; el resto de
personajes se consumen en su propia soledad e infelicidad.
La proximidad de la muerte, el rumor de la montaña, los
sueños premonitorios, los lapsos y la pérdida de memoria también acechan al
protagonista. Cuando el final de sus días se acerca, Shingo se da cuenta de que
ha vivido desapegado de sus hijos, de que jamás ha entendido la vida
matrimonial y de que ha pasado toda su vida con el corazón anclado al pasado.
No ha cumplido con el rol de patriarca y cabeza de familia que se esperaba de
él, sus amigos han muerto (algunos de un modo absurdo). En su búsqueda incansable
por hallar refugio en la belleza que lo rodea sus cansados ojos se encuentran
con el infatigable paso del tiempo: la vida cambia (sin él), el tiempo pasa
(poco queda del Japón en el que creció), su existencia se apaga y su memoria se
desdibuja con la rapidez con que el gyokuro se disuelve en el agua.
Creo que el argumento es demasiado difuso y hueco.
Estoy habituada a leer este tipo de novela, pero siento que el pacing y la trama la hacen desesperante
(requiere de más paciencia de lo habitual). Por su parte el estilo descriptivo
es muy simbólico, por lo que he pasado gran parte de la novela sintiendo que me
estaba perdiendo algo.
Valoración: no la
obra de Kawabata que yo recomendaría.
Autor: Yasunari Kawabata
Año de publicación original: 1854
País en que se ambienta: Japón.
Edición que leí: Planeta - colección Austral
Género: Literatura clásica de Japón, novela sensorial
Extensión: 320 páginas.
Temas: Vejez / soledad / los cambios generacionales.
Publicar un comentario