El fin del fin de la Tierra

viernes, 19 de noviembre de 2021

 





     Conocido por su mirada inquieta y su pluma afilada, Jonathan Franzen se ha ganado un puesto entre los ensayistas y novelistas estadounidenses más reconocidos. El fin del fin de la Tierra se presenta como una compilación de ensayos breves  escogidos por el mismo autor lo que la hace propicia para acercarse a su prosa y conocer más de su universo ideológico. 
     Sin embargo, resulta complicado ser justa con el autor de Las confesiones en esta ocasión. Si bien la calidad de la prosa es indiscutible el libro conecta con el lector  creo que a un ensayo bien se le puede pedir más. De un ecologista como Franzen esperaba una compilación de ensayos que se mostrasen inflexibles y que motivasen a la acción, pero nada más alejado de lo que uno se encuentra aquí.
 
     El primer punto a tener en cuenta es que para Franzen ya no hay nada que salvar. Todo está perdido en el mundo, y aquellos que siguen lidiando contra el cambio climático están luchando contra una esperanza vana: las cartas ganadoras estaban sobre la mesa hace mucho y nosotros aún seguimos debatiendo con qué baraja jugar. 
 
     Esta línea de pensamiento está presente en la mayor parte del libro. Todos sus relatos de viajes tienen un denominador común: la pérdida biológica y la preservación de las aves a través de una acción localizada contundente. Para Franzen, el individuo aislado no puede hacer un cambio significativo a nivel global, pero sí es posible llevar a cabo cambios contundentes y profundos a nivel local.

 

«Cogemos el vaso de cartón, nos bebemos su contenido, tiramos el vaso. En Estados Unidos, cada minuto se tiran treinta mil vasos de cartón. Lejos de allí, al otro lado de la línea del ecuador, la selva tropical atlántica del Brasil ha sido arrasada para instalar vastas plantaciones de eucaliptos que surten de pulpa a las fábricas del mundo (...).  Bastante complicada es ya tu vida sin cargar todo el día con un vaso reutilizable a cuestas. Y aunque cargaras con él (...), ¿qué va a cambiar por los 0.00015 vasos desechables de Starbucks que tiras tú cada minuto?»

 

     Así, en “Salva lo que amas”, cita algunas estrategias para reforestar las laderas andinas e implementar maneras de coexistencia de los indígenas con el medio. En "Ojalá tengas una vida horrible", relata de manera detallada y terrible cómo la Albania poscomunista está diezmando de manera absurda la población de aves cantoras (y casi de todo lo que vuela) acompañado en este peregrinaje de Egipto, donde también se cazan de manera cruenta millones de ejemplares. En "Echar en falta", pone de manifiesto cómo en Jamaica el desconocimiento de la población por su riqueza medioambiental  sumado al turismo de masas, está diezmando la población de especies autóctonas. En "Pérdida invisible" detalla cómo estamos perdiendo a millones de aves marinas, invisibles, que podrían sobrevivir con apenas unos pequeños ajustes en nuestro modo de consumo.

«Sólo les interesa el dinero fácil. Si capturas ilegalmente un loro sacas menos de cien dólares: ese loro tiene mucho más valor si lo dejas en el bosque y traes visitantes a verlo, pero los furtivos son capaces de derribar árboles enteros para llegar al nido, y eso es terrible para la población de loros porque éstos realmente dependen de los bosques viejos donde hay huecos naturales donde construir sus nidos. Con las tortugas marinas ocurre lo mismo: ¿para qué matar a una hembra que se acerca a desovar cientos de huevos? Otro tanto con las langostas: ¿por qué matan a las hembras preñadas?»


     Sin embargo, al adoptar este enfoque derrotista (dejo a otro juzgar si tiene o no razón en su planteamiento), el libro falla estrepitosamente. El autor se limita a presentarnos un escenario en el que él parece ajeno, donde nos presenta una fotografía sin ningún tipo de conclusión, y donde nos arrastra de una manera desviada y confusa.

 


     Quizá ésta sea la parte que más me molestó del libro, la manera zigzagueante de tratar la mayoría de los ensayos. La prosa salva esta cuestión en tanto que uno se deja arrastrar de la mano por Franzen a donde quiera que nos lleve, pero uno no sabe realmente cuando empieza a dónde nos quiere llevar. La mayor parte de las veces nos ha tenido dando tumbos, enseñándonos su afición casi compulsiva a hacer listas de aves y hablándonos de sus viajes para no ofrecernos mucho más. 

      Después de saltar del Ngorongoro a la Antártida, a casa de sus padres y de sus tíos y nuevamente a sus viajes de lujo, a uno no le queda muy claro qué intenta transmitir (en “Postales de África” juraría que nada, sólo contarnos que un día descubrió un pingüino emperador). Otros ensayos, como “Ojalá que tengas una vida horrible”, sí nos llevan a escenarios significativos donde, como decía, nos habla de acciones localizadas a llevar a cabo, pero que no concluyen igualmente en nada. 
 

     La falta de conclusión — y la nula presencia de una reflexión al respecto de las catástrofes ecológicas que nos presenta—, hace que se conviertan en un escrito demasiado fácil y desapasionado. La constante presencia de su desmedida pasión ornitológica dota cierto color al conjunto, pero creo que es difícilmente excitante a aquellos a quienes el avistamiento de aves nos es ajeno. 

     Entiendo, por una parte, que para Franzen la ornitología y sus listas son el colofón a su planteamiento ecológico: conocer aquello que debemos salvar, apreciarlo para ayudar localmente a preservarlo. Creo que, en este punto, “Pérdidas invisibles” evidencia el drama de encogernos de hombros ante algo que no conocemos, o que parece quedarnos remoto. Pero ante determinadas afirmaciones (“Postales de África”) acaba patinando: si bien coincido con él en que hay algo problemático en la gente que sólo viaja para poner un tachón en una lista, que viaja sólo por alguna suerte de competición contra uno mismo para demostrarse algo antes de morir, afirmar que la única manera verdadera de viajar es mediante el avistamiento de aves es absurdo. 

 

«Para el amante de los mamíferos, una cría de elefante en un zoo bien diseñado no es menos adorable que una cría de elefante en un parque natural africano; el único valor añadido por el parque es que las hierbas que arranca el elefante son suyas, que se comporta como quien corre el riesgo de que lo ataquen los leones y que los límites del parque quedan tan lejos que no los vemos. Encerrar un pájaro en una pajarera, en cambio, le niega su misma esencia: un águila no es nada si no puedes ver cómo alza el vuelo. Para experimentar los pájaros africanos tienes que ir a África».


     De igual modo creo que algunas de sus críticas son - cuanto menos - incoherentes. Que un escritor que ha vendido cerca de 3 millones de ejemplares afirme que no puede sentir afinidad por Edith Wharton porque vivía acomodada (“contaba al menos con una desventaja que podría redimirla: no era guapa” (sic)) me parece de una simpleza y de una doble moral cuanto menos interesante, y me hace pensar en el autor como un completo beatnik posmoderno, como alguien que vive como un flâneur aviar y hace viajes de 22.000 dólares (mientras llama plutócratas a quienes hacen esos viajes) y afirma ir contracorriente y ser antisistema. 



 
            MIS IMPRESIONES
 
            Aunque no coincidas con las opiniones de Franzen, el libro es ameno de leer y la prosa te involucra de lleno en sus viajes. Hasta cierto punto, es hasta algo contagioso su afición desmedida a la ornitología, casi me dieron ganas de ir corriendo a por una guía de campo. 
 

            Creo que, si bien este libro no hace ningún activismo y que, como digo, carece de ningún tipo de reflexión a propósito de aquello que presenta, hace una labor interesante y pone de manifiesto múltiples situaciones complicadas cuando no insostenibles para el medioambiente. A llevarnos de la mano por sus viajes nos enseña dónde está la devastación, qué podemos hacer (si se puede) y por qué es importante dejar de lado el cambio climático y actuar de forma contundente a nivel local.

 
            Aunque no coincida en muchos de sus planteamientos, esta compilación sugiere un debate interesante con el autor y una forma de conocer algunos problemas ecológicos de primer ámbito. Aunque el autor esté demasiado ocupado buscando un pingüino emperador como para reflexionar con nosotros, sí nos invita a mirar a través de sus prismáticos, nos permite sentir su desasosiego ante el cambio: la imagen que vemos a través de sus prismáticos nos permite mirar al abismo del destino y observar la proximidad de la muerte, arrebatándonos la esperanza de creer que no está ahí.



Opinión: Si no tienes en cuenta el doble rasero y el tono derrotista es un texto ameno. 
Título original: The end of the end of the Earth
Año de publicación: 2019
Nacionalidad del autor: Estados Unidos.
Género: Ecología y medio ambiente
Extensión: 288 páginas.
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Temas: ¿Hay marcha atrás en el cambio climático?¿Hay algo que podamos hacer para preservar las especies?
Goodreads: El fin del fin de la Tierra




El rumor de la montaña

domingo, 7 de noviembre de 2021

 

Yoru no Yuki
(Noche nevada) -
Ito Shinsui, 1930

     La vejez, la soledad y la culpa son los tres elementos sobre los que se asienta el conflicto de El rumor de la montaña. Como es habitual en la literatura japonesa (y Kawabata no es una excepción a este punto), la trama suele ser sutil, el ritmo lento y el conflicto de los personajes rara vez se exterioriza.
  Sin embargo, en esta novela, estas características parecen haberse visto multiplicadas por el hecho de que la trama es exageradamente lenta, las emociones están aún si cabe más diluidas y me ha costado incluso más llegar a conectar con la tensión dramática de los personajes.
 

   La obra de Kawabata ha sido ampliamente laureada y no creo que sea inmerecido. La novela está plagada de fugaces atisbos de una belleza absoluta. Las escenas cotidianas, el mundo natural - en apariencia trivial - están presentados ante el lector como un haiku: la belleza de aquello que pasa desapercibido, de aquello que es nimio y, en apariencia, ajeno al espectador, es de algún modo una exteriorización del mundo interior de aquel que observa. La descripción de esa naturaleza contiene en sí misma una emoción: admiración, tristeza, alegría de las cosas simples, paso del tiempo, añoranza del pasado…
 
    Sin embargo me temo que esta belleza - y más aún los mensajes en ella contenida - llegan a ser inaprensibles en demasiados momentos dentro de la obra. Con frecuencia intenta traducir sus emociones en un objeto de la naturaleza, pero a veces el paralelismo, la conexión entre los dos, puede llegar a ser demasiado sutil. Si no se tiene claro cuál puede ser el tema en ese momento, o cuáles son las emociones que Shingo (el protagonista) está teniendo en ese momento, se puede llegar a percibir que hay una emoción detrás de lo que se describe, pero no llegar a entender con total profundidad lo que se quiere manifestar.


Yuki no kobao o miru shojo
(Belleza admirando los pétalos rojos cubiertos de nieve).
Ito Shinsui, 1929. 


 
     Al inicio de la novela se produce el hecho premonitorio que da nombre la misma: Shingo escucha el rumor de la montaña. No como un ruido procedente de la montaña, sino un sonido emanado desde ella misma, que interpreta como un augurio de muerte. Inmediatamente después de este hecho, Shingo reflexiona sobre un hecho acaecido unos diez días antes:
 

     «No era una geisha con quien tuviera una particular familiaridad, pero después de que le enrolló la corbata y se la guardó en el bolsillo del abrigo, que estaba al lado del tokonoma, la conversación derivó hacia temas personales.
Según le contó, dos meses antes ella había estado a punto de suicidarse junto con el carpintero que había construido el restaurante. Pero en el momento en que iban a tomar el veneno la asaltaron las dudas. ¿La dosis sería efectivamente letal?
     - Él dijo que era suficiente. Me aseguró que habían calculado tanto la suya como la mía, y que la cantidad era la justa y necesaria.
Pero ella no lo creía. Y su desconfianza aumentaba.
   - Le pregunté quién se había encargado de hacerlo. Tal vez el que las había medido lo había hecho sólo para enfermarnos y darnos una lección. Le pregunté por el farmacéutico o el médico que se las había dado, pero no me contestó. ¿No es extraño? Si los dos íbamos a ir juntos hacia la muerte, ¿por qué no me respondía? Después de todo, ¿para qué tanto secretismo si nadie más iba a enterarse?»

 
     Es evidente que Kawabata no ha introducido este recuerdo de manera gratuita, sino que es obvio que está intentando comunicar algo. Shingo ha traído eso a su mente por una razón: no se trata sólo de que esté algo senil y los olores, colores, flores, etc, le traigan cosas a su memoria. Recuerda esos episodios por algo, y ese recuerdo está intentando hacer presente una emoción más profunda, o está intentando anticipar algo del relato. Sin embargo, la conexión entre ambas cosas llega a ser tan sibilina y sutil que me temo llega a pasar desapercibir durante todo el texto, perdiendo por tanto la profundidad del mensaje en su totalidad. Éste es sólo un ejemplo aislado al inicio del libro, pero escenas como estas se repiten a lo largo de los capítulos.
 
     A su vez encontramos múltiples elementos propios de la cultura japonesa que hacen inaccesible el entendimiento pleno de la obra. Habitualmente la presencia de estos elementos no suele ser un impedimento para disfrutar de la literatura de dicho país: de hecho la enriquece y la llena de matices. Sin embargo, al estar estas descripciones ligadas a la misma trama, al ser ellas las que condensen y traduzcan las emociones y pensamientos del personaje, se hace difícil llegar a conectar y entender el mensaje del autor.

     «Inclinar hacia abajo una máscara de Noh se denomina <<nublarla>> - explicaba Suzumoto-, pues la máscara adquiere un aspecto melancólico; volverla hacia arriba es <<iluminarla>>, pues su expresión se vuelve brillante y feliz. Dirigirla hacia la izquierda o hacia la derecha se designa como <<usar>> o <<cortar>> o algo por el estilo.
(…)
     Shingo se puso las gafas, empezó a desatar la cuerda y, en el momento en que pudo verlas con toda claridad, el caballo y los labios de la máscara jido lo impresionaron como algo tan bello que tuvo que contener un grito de asombro.
(…)
Al acercar su cara, la piel, luminosa como la de una muchacha, se suavizó ante sus envejecidos ojos y la máscara cobró vida, cálida y sonriente.
Contuvo el aliento. A unos seis u ocho centímetros de sus ojos, una doncella llena de vida le sonreía, límpida y bellamente.
Los ojos y la boca estaban verdaderamente vivos. Las cuencas vacías estaban ocupadas por pupilas negras. Los labios rojos se habían vuelto sensualmente húmedos».
 
     Siempre hay elementos en este tipo de literatura que se escapan al ojo del lector no experto en cultura nipona. Sin embargo siempre es algún adorno puntual, o algún elemento que no afecta en la trama. No obstante las máscaras Noh, como el fragmento que cito, son un elemento constante en la novela. Dado que creo que para la mayor parte de los occidentales dichas máscaras no suscitarán ni sensualidad, ni belleza ni deseo, resulta difícil aprehender qué nos está diciendo Kawabata a través de ellas en los distintos episodios.

 
Datemaki no Onna
(Mujer vistiendo un kimono interior)
Ito Shinsui - 1921

     Son muchos quienes aluden a que el tema principal de la obra es la culpa o la responsabilidad que Shingo siente por no haber sido un gran padre, o por no haber sido capaz de propiciar una felicidad duradera en sus hijos.

 
«Que un padre haya triunfado o no tiene que ver con el hecho de que sus hijos hayan o no tenido matrimonios felices. Y, según eso, no me ha ido bien».

 

     Este tema mueve al personaje en la novela y le hace descubrirse a sí mismo en sus relaciones con sus hijos, pero no lo enmarcaría como el tema único y principal.
     Por supuesto, la culpa está presente, muy especialmente en lo que se refiere a la relación con su hijo Suichi; pero esta culpa con respecto a la infelicidad de sus hijos sólo se canaliza cuando hablamos de su hijo varón. Hay una culpa que circunda su relación con su hija Fusako, pero ésta tiene un origen distinto. Es por ello que creo que es la soledad y el paso del tiempo, la profunda melancolía en fin, la que conecta y mueve al protagonista y acompaña a todos los personajes.
 
     La relación de Suichi con su hija, su nuera y su esposa está profundamente marcada por la soledad. El modo en que él percibe y se relaciona con éstas depende enteramente del recuerdo de la amada perdida (del recuerdo que aún mantiene de su cuñada fallecida, cuyo nombre nunca menciona como si temiese invocarla). Las emociones que sintió por la hermana de su esposa no sólo no se han diluido, sino que han condicionado su mirada hacia el mundo. Suichi vive en una constante búsqueda de la belleza, y en ella el recuerdo (siempre joven, eterno, etéreo e inocente) de la mujer que amó se aparece como un exponente de belleza absoluto, un cristal que distorsiona y afea aquello que no es capaz de devolverle su reflejo.
 
     Cuando Suichi ve cómo la vida de su hija ha fracasado se lamenta por su papel como padre, pero también lo hace por cómo considera que su hija carece de las cualidades que él constantemente busca. No es hermosa, pero tampoco es inocente y pura como el recuerdo de la tía. Esto llena a Suichi de profunda soledad y desesperación, pues no sólo es incapaz de encontrar en su hija el rostro vivo de la tía, sino que se culpa por juzgar a su hija debido a esto. Cuando busca entre las facciones de su hija y de sus nietas el rostro de la amada siente un rechazo y desprecio absolutos, y al mismo tiempo se sabe un juez vil e injusto por estos sentimientos.
     Sólo con su nuera, Kikuko, encuentra ese remanso de paz y amor que ha estado buscando. Kikuko representa la inocencia y la fragilidad, y en su soledad y búsqueda incesante se presenta ante él como un elemento de sensualidad.

Shato no yuki
(Los terrenos de un santuario sintoísta en la nieve)
Ito Shinsui - 1930

     Todos los personajes son infelices, están solos y buscan desesperadamente canalizar su pena en otros: su hijo Suichi en su amante; Kikuko (la nuera), al saberse engañada, en Shingo; Yasuko (la esposa) en la hija fracasada; la hija, Fusako, en el padre por el que se sabe despreciada. Sólo Suichi y Kikuko han encontrado refugio el uno en el otro; el resto de personajes se consumen en su propia soledad e infelicidad.

       La proximidad de la muerte, el rumor de la montaña, los sueños premonitorios, los lapsos y la pérdida de memoria también acechan al protagonista. Cuando el final de sus días se acerca, Shingo se da cuenta de que ha vivido desapegado de sus hijos, de que jamás ha entendido la vida matrimonial y de que ha pasado toda su vida con el corazón anclado al pasado. No ha cumplido con el rol de patriarca y cabeza de familia que se esperaba de él, sus amigos han muerto (algunos de un modo absurdo). En su búsqueda incansable por hallar refugio en la belleza que lo rodea sus cansados ojos se encuentran con el infatigable paso del tiempo: la vida cambia (sin él), el tiempo pasa (poco queda del Japón en el que creció), su existencia se apaga y su memoria se desdibuja con la rapidez con que el gyokuro se disuelve en el agua.
 
 
     Creo que el argumento es demasiado difuso y hueco. Estoy habituada a leer este tipo de novela, pero siento que el pacing y la trama la hacen desesperante (requiere de más paciencia de lo habitual). Por su parte el estilo descriptivo es muy simbólico, por lo que he pasado gran parte de la novela sintiendo que me estaba perdiendo algo.
 

 
Valoración: no la obra de Kawabata que yo recomendaría.
Autor: Yasunari Kawabata
Año de publicación original: 1854
País en que se ambienta: Japón.
Edición que leí: Planeta - colección Austral
Género: Literatura clásica de Japón, novela sensorial
Extensión: 320 páginas.
Temas: Vejez / soledad / los cambios generacionales.








Abbott

miércoles, 3 de noviembre de 2021

 



            Después de la fama que alcanzó con Black Bolt, Saladin Ahmed aterriza en la editorial Boom! Studios con una apuesta estética diferente y con un personaje rompedor. ¿Pero es realmente Abbott la revolución de la que todo el mundo está hablando?
 

        Lo primero que llama la atención de esta nueva serie es indiscutiblemente el arte. Los dibujos y escenografía de Sami Kivelä son impecables, pero es el color lo que le da a Abbott una dimensión completamente diferente. Resulta complicado decir cómo es posible que Jason Wordie haya conseguido una composición tan musical y elocuente. Los colores acompañan los distintos ambientes y horas y se gradúan, modulan e intensifican según qué o quién aparezca, de manera que cada color es como un leitmotiv visual.


          La paleta de colores parece directamente sacada de la escena de una película del Blaxploitation; sólo falta algo de funk para meternos de lleno en los 70. Cada color cambia de manera significativa y da dramatismo e intensidad a la escena.
La maquetación de los textos, la perspectiva, la distribución de las escenas y la descripción de los eventos es muy cinematográfica y, por qué no decirlo, me ha resultado innovadora en algunos momentos.
 


        Sin embargo, siento que Abbott flojea justo en la que resulta su mayor apuesta: la mano y mente de Ahmed detrás de todo el conjunto.

         El personaje de Abbott no es del todo innovador, pero resulta interesante. Una periodista que se enfrenta a todo y todos para destapar la verdad; una defensora de las injusticias que pone en juego su pellejo para tirar de la manta y exponer a los malhechores (y la incompetencia de la policía). Como digo no es nuevo, pero Abbott viene trayendo cierto aire fresco y un puntito punk: Detroit, los 70, una periodista negra en un entorno dominado por hombres, una reportera en un mundo donde las injusticias contra los negros son la norma, una voz que busca justicia y redención en una ciudad decadente… Y además divorciada, bisexual, independiente, aficionada al buen brandy y fumadora compulsiva. Elena Abbott es implacable, inquebrantable: cuando todo a su alrededor se derrumba ella se enciende un cigarrillo y camina directa a la boca del lobo con sus pantalones de campana.

     Y sin embargo, hete aquí el punto que me parece crucial: ¿es esta conjunción de elementos los que hacen que Abbott sea un gran personaje o porque es un gran personaje éstos son elementos interesantes?


 
     Creo que quizá se le haya dado demasiado bombo a Abbott por esta cuestión. Y es que Abbott no es un personaje bien construido. Eso no quiere decir que no sea interesante, quiero decir que la arquitectura de la historia parece haber sido diseñada de manera contextual, con la intención de crear un mundo y un contexto para futuras historias, y que la trama parece haber sido dejada de lado en su lugar.
Creo que el personaje es refrescante y provocador, pero me temo que la historia flojea en todo lo demás. Como es comprensible, los personajes difícilmente pueden ser buenos si el plot está pobremente desarrollado.



El pacing


      Uno de los problemas que encuentro con Abbott es que el ritmo de la narración es frenético. Esto no debería ser un problema para un cómic de acción con elementos sobrenaturales: persecuciones, tiroteos, monstruos del Abismo… La cuestión es que esto puede ser difícil de compaginar con un cómic de detectives: resulta difícil generar suspense, miedo, intriga o expectación cuando la historia es bastante pobre y lo poco que conoces de los personajes apenas es un esbozo.
 
       Sin embargo, el problema principal de esta obra es que la historia podría ser sacada de un cuento infantil. El malo es malo… porque es malo. Ya. Ésa es la explicación. ¿Cuál es su motivación para ser malo? Ser poderoso. ¿Por qué quiere ser poderoso? Para ser más malo. ¿Cómo consigue ser tan malo? Invocando a las fuerzas del mal, que para eso son malas, para que le ayuden a ser más malo y hacer más cosas malas… Bueno, y tener bigote “de malo”.

       Esto que acabo de describir es, esencialmente, el argumento de Abbott. Que ojo, para mi sobrino de cuatro años es una explicación absolutamente redonda, no tiene fallos. Los malos son malos porque son malos, los buenos son buenos porque son buenos. De hecho, casi podría decir que es el resumen que él me hizo de Moana. Pero es que aún más: ¿Por qué es Abbott la protagonista? Porque ella es el "Lightbringer", la antorcha que llenará el mundo de luz. ¿Por qué? Porque es Abbott. Ahá.
               
      Como digo, si puedes leer de corrido y eres capaz de leer libros sin dibujos probablemente el malo – y la historia - te parezca poco menos que irritante (siendo educada).
 


        En mi opinión Abbott peca de ser un poco insustancial. El contexto me resultó original y atractivo y los personajes son interesantes… pero al ser tan frenético apenas deja poso.
       Creo que Elena Abbott puede llegar a dejarnos en el futuro entregas con más contenido y mejor sabor que éstas. Creo que el público demandaba de más personajes fuertes, independientes, a quienes no les importa cargar a solas con el mundo, y Abbott lo consigue.
   La historia no tiene un cliffhanger ni creo que fuera la intención; es autoconclusiva. Como digo tengo la sensación de que éste ha sido un intento por crear un nuevo mundo que Ahmed pueda desarrollar (quizá, en vistas a su éxito) de manera independiente, fuera de los universos Marvel a los que está acostumbrado a trabajar.
 
               

 
        Sólo por el aspecto visual puede resultar interesante. Si no te importa que la historia sea superficial y te gustan las historias un poco gore y con mucha acción puede ser tu serie. 



Valoración: Sobrevalorado.
Autores: Guión: Saladin Ahmed   / Ilustración: Sami Kivelä / Color: Jason Wordie
Año de publicación: junio de 2018
País: EEUU.
Editorial: Boom! Studios
Género: Terror / fuerzas sobrenaturales / heroína.

Temas: Carece de ellos por completo.
GoodreadsAbbott #1






Portadas de cada número. 













Creepy Tale

martes, 2 de noviembre de 2021

 






     Voy a confesarme desde el principio: no estoy hecha para los juegos de miedo. Soy de esas personas que se esconde detrás de un cojín mientras ve películas de miedo, y para quien jugar a juegos como Call of Cthulu ya es todo un mérito. Y sin embargo veo películas de miedo, leo libros de terror y me fascinan las casas encantadas: la experiencia del terror me resulta divertida, aunque sea incapaz de trasladarla a un videojuego. Es por eso que en cuanto vi el tráiler de Creepy Tale sabía que tenía que jugarlo.


      La estética de Creepy Tale es lo que en inglés llamarían spooky (escalofriante). Hablamos de terror, sí, pero lo spooky está siempre ligado a lo sobrenatural (criaturas fantásticas y monstruosas) y a lo entrañable, donde las criaturas pueden ser amables e incluso cute.

      El mundo de Creepy Tale parece sacado directamente de un antiguo cuento de los hermanos Grimm. Y no me refiero a una versión edulcorada y actualizada (y re-revisada) de cuentos infantiles, hablo de los siniestros cuentos alemanes que se recogieron originalmente en el XIX (sólo hace falta comparar el primer Barba Azul con la versión censurada apenas medio siglo después para saber a qué me refiero).

 


     La historia resulta familiar: dos hermanos que se adentran en el profundo y tenebroso bosque para buscar setas y en su lugar se encuentran con criaturas terribles y amenazas ocultas.

     La atmósfera del bosque es oscura, sombría. En él todo resulta amenazador y misterioso: extrañas criaturas con pinchos y ojos rojos, brujas malvadas comeniños, duendes asustadizos, monstruos de grandes colmillos, personajes pintorescos que tocan la flauta. Todo esto hace de Creepy Tale un cuento de hadas siniestro, curioso y divertido, envuelto en cierto halo de folclore popular, donde nunca sabes qué se esconde detrás de cada tocón y dónde puedes aparecer tras cruzar el puente, entrar en el hueco de un árbol o colarte en una casita encantada.

 



     Es evidente, viendo los gráficos, que no es un juego aterrador. Es de miedo, pero como he dicho es spooky, así que el resultado acaba siendo hasta cierto punto divertido. El ruido de los monstruos, las mecánicas de los puzles, todo es en mi opinión original y simpático, hasta el punto de que las criaturas y monstruos de Creepy Tale son al mismo tiempo adorables y terribles, graciosas y aterradoras.

 


     Sin embargo eso no significa que no puedas tener algún que otro susto, y es que éste es un poco el punto de la discordia en Creepy Tale: sus puzles. Cuando llegas a un nivel la mayor parte de las veces no sabes qué tienes que hacer. Así que hay que tocar setas misteriosas para ver qué ocurre, correr delante del monstruo para ver qué pasa e investigar, en general, los elementos del entorno. La mayor parte de las veces es tremendamente intuitivo y no necesitas nada más que investigar un poco para resolver el puzle. Pero con frecuencia, mientras esto ocurre, os encontraréis con más de una escena divertida y con algún susto inesperado.

 

      No obstante, como digo, éste es un poco el punto por el que la gente lo ama o lo odia, y es que en Creepy Tale tú tienes que ser capaz de identificar y utilizar los recursos que el nivel te da… sin saber muchas veces cuáles son. A veces acabas yendo a la caza del pixel, y te encuentras completamente bloqueado y sin saber qué hacer porque una de las decenas de setas que te has encontrado en el nivel resulta que puede cogerse. Entiendo el porqué de hacerlo así, y es que quizá poner un halo resplandeciente sobre los objetos que se pueden utilizar rompería la estética, o poner una marca encima, de algún modo, haría el juego menos interactivo y demasiado fácil. No obstante creo que acaba, en algunas ocasiones, por no estar bien balanceado; y es que la mayor parte de los jugadores nos hemos atascado en el mismo punto precisamente por esto.

 



       Dicho esto, considero que la construcción de los puzles así como su aparición en el mundo es orgánica, natural. Los puzles están bien integrados, no parecen forzados en ningún momento: tiene sentido que sean así y estén ahí para seguir avanzando. La mayoría son absolutamente geniales y muy originales, aunque a veces pueden ser un poco frustrantes. Cada rompecabezas tiene sus propias reglas y, como he dicho, las soluciones no están a primera vista, por lo que a veces es necesario morir o ser atrapado para entender cómo funciona (y por tanto repetir el mismo puzle varias veces). También debo reconocer que algunos puzles (una parte pequeña) los resolví por prueba y error, por lo que entiendo que para muchas personas éste no sea su tipo de juego.

 

      Respecto a la estética general, otro punto a tener en cuenta de Creepy Tale es la presencia de las ilustraciones y el mundo de John Kenn Mortensen, del que los hermanos dicen haberse inspirado para crear el juego. Aunque hay quien apunta a que hay algo más que “inspiración” en Creepy Tale, lo que es seguro es que Creepy Brothers han sido capaces de recrear esa aura de fascinación y escalofrío que tan bien plasma Mortensen. Las creaciones de Mortensen producen esa sensación compleja y extraña de no poder apartar la mirada de una imagen, y de al mismo tiempo sentir una sensación pulsátil de incomodidad y un leve atisbo de terror sacado directamente del pozo de nuestros miedos infantiles. En Creepy Tale esta sensación está presente, pero rebajada con algunos puntos de comicidad y un diseño de personajes más redondeado y amable.

 

Comparativa entre una ilustración de Mortensen y uno de los juegos de Creepy Tale

       Mi reflexión general es que es un juego entretenido que, aunque pueda resultar frustrante en algunas ocasiones, podrás pasarte en algo menos de dos horas sin dificultad. Es un título sencillo, pero ofrece ciertos puzles desafiantes y muy creativos y una estética escalofriante y divertida.

 
Valoración: Es un juego bastante curioso y simpático. Jugaré el 2 y el 3 sin pestañear. 
Fecha de publicación: febrero de 2020
País: Rusia.
Género: Indie / terror
Duración : 2 - 3 horas
Dificultad: Con la salvedad de algún puzle es muy intuitivo

Traducción: No tiene diálogos, pero el menú y la interfaz están en español.
SteamCreepy Tale









El bosque sabe tu nombre

sábado, 30 de octubre de 2021

 



      A veces ocurre que te encuentras entre las estanterías de la biblioteca o de tu librería preferida un producto que te resulta revelador por una razón: te demuestra y lo digo sin asomo de crítica, simplemente remarco una realidad que las editoriales (en general) son sólo una empresa que busca el lucro y no la calidad literaria. Como digo, esto no es ningún tipo de crítica: la razón de ser de una empresa es, naturalmente, sacar algún lucro económico; me parece normal que una editorial apoye un proyecto con perspectivas favorables de negocio antes que una obra de gran calidad con pocas perspectivas de venta.
 
     Sin embargo señalo esta cuestión porque me parece la clave para entender el libro que esta semana he tenido entre mis manos. Y es que, aunque suene duro decirlo, El bosque sabe tu nombre es un producto fruto del marketing y del olfato de algún buen editor que ha visto que tenía el potencial para ser un best seller (aunque goce de más bien poca calidad literaria).
      

        He estado pensando en cómo diseccionar, punto por punto, esta novela y así poder explicar por qué me parece tan mal escrita a tantos niveles. Sin embargo, si algo quería cuando empecé a compartir mis impresiones en este blog era no destripar nunca una obra. Soy una de esas personas que adora "llegar virgen" a una obra: sin prejuicios ni expectativas. Quizá en un futuro la diseccione (principalmente para justificar el por qué del resto de mi reseña) pero de momento lo reservaré para quien me pregunte pro privado. 

 
     Con respecto a la obra, debo reconocer que esta desilusión es en parte culpa mía. Me lancé a la aventura cuando conocía más bien poco sobre la novela. Si acaso me sonaba el título: tal vez de Instagram, tal vez de alguna recomendación de Goodreads… El caso es que, tras verla de reojo en la sección de novedades y sin tener tampoco mucha idea de qué esperaba encontrar no lo pensé mucho y la traje a casa.
 
        Ya desde las primeras páginas me pareció que estaba ante un producto fruto de la mano de alguien novel. Los diálogos eran pésimos y la poca elegancia (fácilmente resuelta con apenas un poco de habilidad) me hizo titubear a la hora de seguir leyendo. Pero ¡eh!, me encontraba ante un producto con el sello de una importante casa editorial, así que me decidí a acabarla con la esperanza de llevarme la grata sorpresa que nunca llegó.
 
    Cuantas más páginas pasaba rezaba en mi interior para que citando a Alcibíadesésta fuese como una de esas estatuas de silenos que dentro esconde la estatua de un dios
1La verdad es que siendo justano es una obra deleznable, pero sí que me parece totalmente prescindible.


      Son tantos los errores que he encontrado, tantas las aristas que tiene este libro, que me resulta difícil ser justa con él. Cuanto más leía más me interrogaba “¿debe sancionarse un plato porque la ejecución no sea perfecta?”. La obra está plagada de errores de puntuación(numerosísimos), los diálogos son terribles, los personajes pecan de omnisciencia, las mujeres parecen alienadas a su propia época, la protagonista es casi una sociópata… y rompe mucho, mucho, mucho lo que en los círculos de guionistas se llama “el doble camelo”3




        Escribo todo esto consciente de que habrá quien en casa esté afilando su hacha y encendiendo una hoguera. Me parece normal que a mucha gente le guste el producto. Como decía al principio de esta entrada: si una editorial como Random House ha apostado por ella es porque obviamente tiene potencial. Eso sólo significa que si eres un lector tiquismiquis a quien le gusta escarbar entre los entresijos de una novela es difícil que te convenza; pero eso no se traduce en que a la mayor parte de quienes me leáis no os pueda interesar. Me limito a comentar que me parece la obra de alguien novel con mucho que mejorar, pero tómate mi crítica como una advertencia o como una invitación a leerlo, como cada uno prefiera.


      Por mi parte creo que la novela tiene ciertos elementos interesantes, pero que no acaban de ser bien ejecutados. Quizá en un futuro nuestra autora pueda deleitarnos  no sólo con futuras obras (cosa con la que cuento) sino con libros más conseguidos y mejor pulidos. 


        Quizá en una futura entrada justifique adecuadamente cuáles son todos esos problemas que digo haber encontrado en El bosque sabe tu nombre, y que me comentéis si también a vosotros os irritaron o si – efectivamente – soy una tiquismiquis irredenta.
 
 
Valoración: ¿Un 3,5 de 10?. Para un concurso literario de instituto estaría bien.
Autora: Alaitz Leceaga
Año de publicación original: 
País en que se ambienta: España y EEUU.
Género: Novela de fantasía
Extensión: 

Dificultad de lectura: Para tiquismiquis, bastante cuesta arriba.
GoodreadsEl bosque sabe tu nombre



[1] … y que no estuviese, como sospechaba, perdiendo un valioso tiempo leyéndola.
[2] Algo que, hasta cierto punto, es aceptable en una primera edición, pero que en esta obra llega a un nivel inadmisible.
[3] Es decir: creer que porque hay magia en una obra puedo hacer y deshacer sin que la credibilidad y la lógica se vean afectadas. Nota para Leceaga: no metas magia en una novela si no tiene reglas de ningún tipo, siempre falla.


El Gatopardo

 





        Paul Auster decía en Un hombre en la oscuridad que los grandes directores saben utilizar objetos inanimados para expresar emociones humanas. La magia de la imagen y del lenguaje cinematográfico consiste en eso, en saber decirlo todo sin decir articular ninguna palabra, en poder plasmar el mundo interior de un personaje en una imagen breve — y conseguir que sea desgarrador.

 

     Lampedusa consiguió entre estas páginas hacer un uso del lenguaje tan excepcional que puede contarlo absolutamente todo sin decir nada. Los paisajes son terriblemente humanos, los objetos invocan con su sola presencia los secretos más profundos y los personajes se dibujan a sí mismos con apenas unos gestos sutiles. La identificación entre objetos y sensaciones alcanza tal punto que las emociones sólo pueden ser plasmadas por la evocación de dichos objetos (como es el caso del perro Bendicò — que como indicó el propio Lampedusa es casi la clave del libro).

 

      Hay algo, no obstante, que me irritaba desde el principio de la novela, algo que cuanto más pasaba las páginas más me molestaba, y es el hecho de que en El Gatopardo no ocurre absolutamente nada. ¿Realmente hay conflicto en la novela? ¿Hay algún tipo de evolución en los personajes, la consecución de algún objetivo final y más elevado por éstos? Cuanto más leía más me perdía intentando encontrarlo y más frustración me causaba.


      Sin embargo, ahora creo que ésta es la clave del libro, es la cristalización del tema de la novela: que nada cambia. Los hechos narrados en el libro son unas cuestiones mínimas, carentes de importancia; sin embargo reflejan a la perfección el universo estático de la familia Salina, donde nunca hay nada nuevo y donde nada cambia.

 

        La inmovilidad de los personajes es una manifestación más del estatismo de la sociedad siciliana y una forma de resaltar el núcleo central de la novela: los intentos por sobrevivir de una aristocracia feudal que no quiere renunciar a sus privilegios y que observa, desde la distancia, cómo la sociedad se convulsiona mientras la burguesía pugna por alzarse entre las ruinas de su clase. Es una nobleza que languidece, que se pasea por las estancias polvorientas y por los pasillos desiertos e inexplorados de sus propias mansiones, ajena al desastre y que, sin embargo, ya vive el declive de su época. Una clase social que sólo puede dejarse morir o intentar dejar atrás el deterioro que la carcome y aliarse con las nuevas clases emergentes.


«¿Qué gobiernos nacionales, provinciales, locales... pueden mantener a una ciudad como Nápoles, la tercera más poblada de ese país europeo de vanguardia, cuna de nuestra civilización, que es Italia, en semejante estado de postración y abandono? ¿Dónde está la virtud de esa situación para los napolitanos? ¿Cómo se puede encontrar belleza en ese feísmo generalizado y desgarrador.

¿Cómo, en base a qué criterios, alguien puede alabar ese estado de desorden y abandono y mencionarlo como auténtico o popular. Sólo con una elevada dosis de cinismo».

 

      El Gatopardo no es una novela que meramente se recree en la reconstrucción de acontecimientos históricos; refleja una atmósfera social y un clima moral que enclaustra a la clase social de los protagonistas. La sociedad siciliana está anquilosada y recluida en sus buenas costumbres y no es ya más que un reflejo caduco de un pasado al que ya no pueden volver.


«Los sicilianos jamás querrán mejorar por la sencilla razón de que se creen perfectos; en ellos la vanidad es más fuerte que la miseria; toda intromisión de extraños (…) es un ataque contra el sueño de perfección en que se hallan sumidos, una amenaza contra la calma satisfecha con que aguardan la nada».

 

     La escena del baile de salón encauza todos estos pensamientos que se han reflejado en el libro hasta ese punto: la decadencia, el vacío, la distancia, el inmovilismo, la pérdida y la muerte. Creo que es difícil encontrar un libro que consiga cristalizar tantas sensaciones en una sola escena y de una manera tan sutil y al mismo tiempo dramática. Con el baile manifiesta la fugacidad de las cosas; es como percibir el brillo del pan de oro de las paredes a través del brillo de una copa, y que al bajarla contemples que está deslucido y no era más que una ilusión. Ésa es la época que vive Don Fabrizio, un momento de su vida donde los placeres no son más que cenizas.

 

    Creo que la calidad literaria de la novela está más que justificada: el hecho de que el autor sea capaz de decir tantas cosas con apenas un gesto, en apenas un segundo (la escena de Concetta y Bendicó) refleja una capacidad magistral para plasmar y transmitir las emociones… pero no creo que sea una lectura recomendable si no eres un lector apasionado de las sutilezas. Si buscas acción (del tipo que sea) creo que puede aportarte bien poco, aparte del contorno que dibuja a la perfección un momento histórico crucial.

 

    Si por el contrario disfrutas con los esbozos que puede generar el lenguaje y aprecias la perfección estética de las descripciones, El Gatopardo puede proporcionarte un buen rato (carente de sobresaltos, eso sí).

 

Valoración: Excelente.
Título original:  Il Gattopardo.
Autor: Giuseppe Tomasi di Lampedusa
Año de publicación original: 1959
País en que se ambienta: Italia.
Género: Novela histórica.
Extensión: 375 páginas.

Temas: "Para que todo siga igual es necesario que todo cambie". Cambios sociales.
Autores con obras similares: Junichiro Tanizaki
GoodreadsEl gatopardo